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60 años y el rancho ardiendo

 

Por Carlos Mántica A. Y Felipe Mántica A. 

El 18 de noviembre de 1956 abría sus puertas al público el primer supermercado de Nicaragua. Sesenta años y 26 supermercados más tarde hemos swiss replica watches querido compartir las aventuras de dos muchachos de 21 años de edad, sin experiencia previa y ningún modelo de comercio en que inspirarse.

El abrir un supermercado puede no ser cosa difícil, pero abrir en 1956 el primer supermercado de Nicaragua si fue muy difícil porque Managua era un mercado pequeño y con una clientela sin tradición alguna de auto servicio.

Nuestro primer cliente fue un taxista que no entró en nuestras “flamantes” instalaciones sino que acostumbrado a la pulpería, abrió la puerta y gritó: “¿Hay cigarros?”... ¡¡Y no habían!!! Por lo que se tuvo que correr al “Buen Tono” en la esquina de Montoya y comprar unos Esfinges. 

   

Felipe y Carlos Mántica. 

Nuestro principal atractivo y centro de nuestra publicidad que proclamaba: “todo bajo un mismo techo” había sido desmentido y en el futuro procuraríamos que nuestros clientes encuentren siempre lo que buscan.

La razón por la que no existían muchos productos perecederos en el comercio, no es porque no hubiera quien los pudiera fabricar o importar, sino porque los que tenían refrigeración eran contados con los dedos de la mano. Eso nos obligó a adquirir una planta eléctrica Blackstone de 120 kilowatts la cual nos decía Don Wilfred Cross era idéntica a la que le daba entonces electricidad a toda la ciudad de Rivas. 

Muchas veces nos despertaron a las 12 de la noche pidiéndonos correr a encender la planta porque (una vez más) se había ido la luz y si nos tardábamos más de una hora sin energía eléctrica se podía descomponer alguna mercadería. Desde entonces todas nuestras sucursales tienen plantas de emergencia.

Muchas veces tuvimos que manejar nosotros mismos la caja registradora la cual tenía 4 botones, uno para verduras, otro para productos importados, otro para productos nacionales, y otro para la venta de carnes. Esto permitió que nuestro carnicero español, Abundio López, pudiera gozar de una participación en nuestras utilidades de carnicería. Estas cajas nos parecían mágicas porque calculaban el vuelto para el cliente pero sobre todo porque emitían “ticket” de lo vendido y eso tenía repercusiones muy serias a la hora de rendir cuentas a la patrona... o al marido.

Cuando abrimos el primer supermercado no había experiencia de auto-servicio y muy poca de comercialización de alimentos refrigerados. En el Mercado Central o Mercado San Miguel la carne se vendía colgada a los cuatro vientos, los pollos y gallinas, vivos o desplumados , después de haberles “dado tortol”; una matanza bastante arcaica que consistía en retorcerles el pescuezo haciendo girar el cuerpo del ave alrededor del mismo hasta quebrárselo.

Los huevos se empacaban en hojas de piñuela, la leche en botellas de vidrio retornables, los granos y cereales en “cartuchos” de papel de envolver, los quesos a granel (o en piezas grandes) se cortaban y se pesaban en las “balanzas de mano”que consistían en dos platos de madera o aluminio, unidos por dos cordeles a un eje de madera, las cuales daban solo un peso aproximado. De repente, la gente se encuentra que en el supermercado puede encontrar las frutas y verduras, las carnes y mariscos y los productos lácteos debidamente refrigerados y los granos y demás productos secos pre-empacados higiénicamente y con el precio y peso exacto.

Con todo esto en “un solo lugar”, el ama de casa se encontraba con el camino adelantado, sin tener que ir de la ceca a la meca, y en un ambiente confortable con aire acondicionado. El uso del aire acondicionado era entonces una novedad en Managua pues hasta ese momento solo lo tenían el Teatro Salazar, la Embajada Americana y la casa del Dr. Alejandro Cesar.

Con el advenimiento de los supermercados fueron surgiendo nuevas industrias alimenticias como las granjas de pollo que con el tiempo se han convertido en empresas multimillonarias; la primera fue fundada por nuestro compañero de universidad, Gabriel Lacayo Benard, quien transportaba sus pedidos en el valijero de su elegante Cadillac. Su madre, doña Amelia, con su característico humor granadino, nos decía “vieran muchachos que alegre todo lo que compramos en el súper con los pollos de Coquito”. Era pues un negocio de doble banda muy conveniente. La segunda granja de pollos en el país fue Kokomo, en las inmediaciones de Matagalpa, y más tarde, siempre en el ramo avícola, los huevos San Francisco de Arturo Vaughn con excelentes instalaciones y tecnología.

Por razones de espacio nos es imposible enumerar todas las nuevas industrias que surgieron relacionadas con los supermercados, pero no podemos olvidar la Panadería Holland Dutch de un ciudadano holandés y su esposa originaria de la Costa Atlántica quienes produjeron por primera vez en Nicaragua pan de molde y repostería americana de excelente calidad. Otra novedad la constituyeron los camarones “secos” (o deshidratados) y más tarde los mariscos congelados (colas de langosta, filetes de pescado, etc.) que traíamos de Bluefields de una modesta planta del japonés Bunji Hamasaka, pionero de lo que es hoy otra gran industria nacional.

Primer supermercado en Montoya

La Colonia, desde los primeros años, se caracteriza por tener lo que no había en otro lugar. Se importaban productos de EE.UU., Francia, Italia, España, de todos lados. Además, como innovación, se traían frutas y vegetales congelados, embutidos, carnes, y sorbetes Borden, que eran “lo máximo” en ese tiempo. Los transportábamos de Miami por Lanica empacados en hielo seco.

Animados por el éxito del super de Montoya, abrimos un nuevo supermercado en el centro de Managua cerca de las intersección de la calle 15 de Septiembre y la Avenida Roosevelt, las dos arterias más traficadas de la ciudad. Más tarde el súper de La Centroamérica, en la carretera que venía de Granada a Managua, el cual creció vertiginosamente a medida que se construían las Altamiras con cienes de casas, y poco tiempo después abrimos el súper de Ciudad Jardín una zona habitacional cercana al Mercado Oriental. Luego pasamos a León donde ya existía la firma José Mántica y Sucesores que sembraba algodón y tenía un edificio en el corazón de la ciudad, donde nos fue muy bien. Posteriormente, por cariño y agradecimiento a la ciudad que acogió a nuestros abuelos italianos en 1870 y donde dejaron el ombligo nuestro padre y sus 12 hermanos Mántica Berio, construimos el super de Chinandega en la Calle Real en el momento de mayor auge algodonero en ese departamento.

La suerte parecía favorecernos. Habíamos tenido 15 años de éxitos sin ningún contratiempo y cuando menos lo pensábamos acontece el terremoto de 1972 el cual nos causó pocos daños en sí, pero en los días posteriores los supermercados fueron brutalmente saqueados, no solo de mercaderías y equipos, sino también destruida su infraestructura, dejándonos prácticamente en la calle.

Gracias a nuestro buen crédito y al respaldo del Banco de América pudimos levantarnos “como el ave fénix”, reconstruyendo los supermercados dañados y procediendo a la edificación de las dos unidades más grandes de la cadena: Las Brisas y Plaza España. Estas nuevas unidades vinieron a sustituir al supermercado de Montoya, el primero de la cadena, al que teníamos especial apego, pues ahí habíamos aprendido el “oficio” y también nuestros clientes lo tenían como el preferido.

La empresa continuaba creciendo, cuando fuimos azotados nuevamente por la destrucción y el saqueo durante los encuentros de la Guardia Nacional y los combatientes del FSLN en 1979. Después de un intento de empresa mixta y la subsiguiente nacionalización de los supermercados éstos pasaron a ser propiedad del Estado. Al llegar al poder Doña Violeta Barrios de Chamorro, solo teníamos el edificio de Plaza España, pero estábamos dispuestos a comenzar de nuevo. Gracias a nuestro buen crédito pronto emprendimos la reconstrucción de la empresa esta vez con la participación de nuestros hijos. Bajo la dirección de Felipe Mántica Cuadra la empresa tomó un giro de modernización e inversiones aceleradas, construyéndose el Hiper en Galerías Santo Domingo, el súper de Veracruz en la pujante carretera a Masaya, Metrocentro, León, Serranías, Plaza las Américas, Granada y otros de gran éxito.

Como hemos descrito, desde los 21 años que teníamos cuando abrimos el primer supermercado hasta los 81 que tenemos ahora, nos ha tocado vivir épocas muy duras. Nos hemos levantado de terremotos, revoluciones, huracanes y de tiempos de grandes crisis, habiéndonos lanzado a reconstruir la empresa aún en estas situaciones tan adversas, con duro trabajo, valor y confianza en Dios.

Felipe José Mántica, Gerente General. 

Éste es un legado que podemos dejar a nuestros hijos y nietos. Al cumplir 60 años de existencia sorprende que aquel primer supermercado de Nicaragua, a pesar de grandes vicisitudes no ha perdido su vitalidad, sino que por el contrario se ha expandido a León (2), Chinandega (2), Granada, Matagalpa, Estelí, Jinotepe, Masaya y 17 supermercados en Managua. La clave de este éxito se encuentra quizás en la conjunción de una larga experiencia y la vitalidad de una nueva generación compuesta por nuestros nietos.

A ellos le pasamos el reto que Don Felipe Mantica Berio, nuestro padre y fundador de La Colonia nos heredara al advertirnos que “iniciar un nuevo negocio es cosa fácil, lo difícil es lograr que 20 años más tarde el negocio siga siendo nuevo”.

Nuestra meta principal es hoy mantenernos al día con tecnología en punta y ofreciendo a nuestra clientela la atención más rápida y esmerada, con el mayor surtido de mercaderías y las mejores instalaciones físicas para el confort de nuestros clientes, a quienes agradecemos de corazón su constante patrocinio durante...

Los 60 años de ser los supermercados de Nicaragua

 

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